CULTURA SOCIAL INNOVADORA (5)

Los avances de la biología y de la medicina nos obligan a un redescubrimiento de nuestra relación con el cuerpo, la reproducción, la enfermedad y la muerte. Lo dispositivos aumentan nuestra capacidad genética y las técnicas de comunicación replantean el vínculo social y desde la primera gran mutación antropológica (la del neolítico, que vio el surgimiento de la ganadería, la agricultura, la ciudad, el Estado y la escritura), entramos en la Sociedad del Conocimiento, con una variedad sustancial: tenemos la posibilidad de pensar colectivamente esta aventura y de influir en ella. Así lo expresa Levy.

En nuestra aventura humana somos nómadas viajando hacia una nueva era. Para el viaje siempre hay pereza, resistencia, y más si la población está tan envejecida, con la perdida de vitalismo que ello lleva consigo.  Como no tenemos referencias históricas vamos rondando los límites exteriores de la economía que ya no soporta las rigideces y modelos del pasado. El problema es el cambio de una cultura social a una cultura social que hemos llamado INNOVADORA.  La llamamos así porque es una cultura que acepta la incertidumbre y el cambio como algo intrínseco, no busca la estabilidad sino la evolución constante. Uf que miedo para algunos apóstoles de la estabilidad, que no existe, solo es una palabra tranquilizadora.

El envejecimiento es además un gran problema porque todos nuestros líderes son viejos, agotados y poco innovadores, salvo excepciones. No les interesa un futuro en el que no van a estar, así que las élites, expertas en el pasado, siempre taponan la salida de la inteligencia colectiva. Casi sin querer.

Es necesario reinventar la política y la democracia sin caer en el error de ponernos en manos de otros sino cuidar la participación por encima de cualquier propia opinión, cuidar las herramientas que procuran colectivos inteligentes para que las personas se orienten ante los cambios. Y hay mucho listo, con poder. Lo somos todos en cuanto nos dan una pizca de poder. No hay nadie que se resista a sugerir “lo que hay que hacer” y muy pocos preparados y dispuestos a aprender.

Necesitamos APRENDIZAJE y un lenguaje de transmisión de lo aprendido, compartir ese aprendizaje, compartir el conocimiento y COLABORAR e intercambiar. Es un paso y un nuevo[1] atributo humano: la capacidad de compartir conocimiento. El reto es ir aprendiendo, también las propias técnicas, regulaciones, métodos que ayuden a esta colaboración y alcanzar escalas de humanización mejores. Podremos dejar de llamarle progreso.  

La herramienta que necesitamos es la que un día Borj llamó, ¡¡¡ oh sorpresa¡¡¡, diálogo. Pero recuperar el diálogo, tal como lo entendió el famoso científico, no está cercano porque hemos prostituido el concepto. Dialogo requiere humildad, nadie sabe nada, todo el mundo sabe algo, generosidad de entrada, dar primero, y esperar reciprocidad.


[1] NO nuevo sino puesto encima de la mesa para usarlo

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